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Resignificando la vida después de que se rompe un sueño

“Amar es aceptar al otro como auténtico otro en convivencia conmigo”.
Humberto Maturana.

Los seres humanos nos caracterizamos por tener conciencia, por contar con esa capacidad de damos cuenta de que nos damos cuenta. Además vivimos en el tiempo, por lo que nos damos cuenta de nuestra existencia pasada, presente y vislumbramos una en el futuro.

Este caminar por el tiempo nos lleva a planear, a querer y desear cosas, las premisas occidentales nos invitan a construir sueños a los que hay que llegar para que la vida valga la pena y en ellos se colocan todo tipo de deseos fantásticos e inaccesibles. Un sueño está basado en un ideal, por lo que resulta imposible alcanzarlo.

Las premisas sociales que dictan lo esperado de una persona nos empujan a querer para nuestra vida aquello que muestran los modelos de lo que debe ser un hombre, una mujer, una pareja, una familia, de lo que es el amor y el éxito. Cuando nuestra vida no cumple con los estándares sociales experimentamos un sentimiento de fallo, de fracaso y frustración.

Pero además de las premisas culturales y sociales, ¿qué más interviene en la construcción de un sueño? Intervienen las premisas y creencias adquiridas en la familia, todos aquellos valores y expectativas volcados en los discursos de los padres que con el paso del tiempo se convierten en anécdotas que van tejiendo la historia familiar.

En casa se aprende cómo es que debe ser una pareja según lo esperado de ella y se aprende a ser pareja según lo que observamos de nuestros padres. Desde corta edad vamos construyendo imágenes del hombre o mujer ideal, aquel o aquella que cumpliría con todo lo que necesitamos para sentirnos bien y felices.

Este sueño se refuerza con el proceso de enamoramiento en el que la persona entra en un estado “idílico” debido al complejo actuar de las emociones y la química del organismo. Se comienza la vida en pareja creyendo que el otro responde casi o totalmente a nuestro mayor anhelo, y que llena el espacio que hemos construido donde esperamos recibir el cariño que tal vez sintamos que nos ha hecho falta.

Cuando el otro responde de manera contraria a lo que esperamos nos sentimos ofendidos y lo que sucede es que nuestro sueño se ve amenazado por la realidad del otro, que no habíamos incluido en nuestras expectativas. Muchas veces la desilusión y el sentimiento de frustración llevan al rompimiento de la relación, cuando lo que se ha roto primero es el sueño que habíamos convertido en guía de nuestra vida.

Romper el sueño permite vislumbrar la infinidad de posibilidades con las que contamos y que nos pueden llevar a multitud de nuevas oportunidades con o sin la relación de pareja. Sin embargo, esto no se da si no hemos construido una individuación adecuada, es decir, la capacidad, la habilidad, la actitud y el gusto de cuidarnos a nosotros mismos, de ser autónomos e independientes, en todas las áreas: personal, económica, social, emocional y cognitiva.

La individuación se puede construir observándonos con una comprensión profunda, siguiendo tres reglas importantes: sin distraernos, sin justificamos y sin juzgamos. Solo de esta manera podremos entender por qué hacemos lo que hacemos, por qué creemos lo que creemos y cómo es que las premisas aprendidas nos llevan a hacer cosas que realmente queremos o aquellas que creemos querer pero no nos
benefician.

Solo observándonos y comprendiéndonos profundamente podemos vivir el dolor del rompimiento de un sueño y podemos reconstruir una nueva historia donde poder compartir la vida con otra persona, viéndola como un ser independiente con sus propias creencias, posturas y gustos ante la vida.

La realidad la construimos a partir del lenguaje y los significados y el sentido que con él otorgamos a lo que vamos viviendo. Nuestra vida es una narración donde resaltan multitud de otras narraciones que se van entretejiendo. Podemos agrandar aquellas historias donde existan momentos en que nos sintamos libres, fuertes, en que hayamos hecho cosas por nosotros mismos y así agudizar la mirada en lo que queremos para el futuro.

Trabajar en nosotros tiene que ver con convertirnos en los autores de nuestra historia, una historia que comenzó teniendo muchas voces a su alrededor, y que contribuyeron tanto a la construcción de sueños como de aquellos valores que nos son fundamentales. La multitud de voces enriquece y da movimiento, sin embargo el compás y el ritmo lo lleva nuestra propia voz junto con las voces elegidas que confiman nuestro relato.

Los sueños que construimos pueden ser de todo tipo, podríamos ubicarlos en el área personal, familiar o profesional, y al pasar el tiempo y en la convivencia con los otros nos daremos cuenta de que la vida no podemos calzarla en el sueño ni que el sueño puede ser guía de la vida porque esto nos llevaría a tratar de minimizarla.

El dolor que genera el rompimiento de un sueño es la posibilidad de iniciar una historia altemativa donde podamos resignificar lo vivido y construir nuevos significados a partir del profundo respeto que es el marco fundamental de la relación con nosotros mismos y con los demás.

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