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Primero yo, luego ellos

Hoy en día la construcción de ambientes saludables dentro del contexto educativo se vuelve imprescindible. Muchas y continuas son las noticias que surgen con respecto al hoy llamado bullying en todos los niveles escolares y en todo tipo de instituciones.

El acoso escolar o bullying lastima la integridad de las personas que lo sufren, de igual manera el acosador es el reflejo de un ser humano que aprendió a llevarlo a cabo después de haberlo vivido, de tal suerte que se vuelve un círculo vicioso difícil de contener. Ésta es la razón por la cual dentro de la escuela se deben implementar prácticas que favorezcan la disminución y en un momento dado, la eliminación de tales acciones.

A pesar de que resulta evidente que la atención ante tal situación debe involucrar a todos los actores que participan de ésta, siendo la familia el elemento más importante, se requiere implementar acciones que favorezcan la sana convivencia y la formación de valores al interior de las escuelas debido a la necesidad de impactar de manera positiva el proceso de formación de quienes asisten a ellas.

El preescolar y la primaria representan los escenarios idóneos para esta labor; aunado a esto está el bienestar emocional de los educandos que debe ser una prioridad en dichas instituciones, ya que al ingresar a ellas los pequeños deben encontrar la manera de avanzar en su proceso de desarrollo, su individualidad y paralelamente, a ser receptivos y captar todo lo nuevo que día con día tienen que aprender.

La labor del docente bajo esta perspectiva, se vuelve fundamental ya que no solo se requiere que cuente con los conocimientos académicos y pedagógicos necesarios para enseñar a los niños, sino que le implica buscar estrategias para generar un entorno íntimo, invitante y emocionalmente seguro para sus alumnos. Lograrlo va más allá de buenas prácticas instructivas, ya que es una invitación a establecer un vínculo espiritual con otro ser humano.

 

El reto para el docente consiste en llevar a cabo un trabajo de exploración personal que le permita estar en contacto con sus emociones y la manera como reacciona ante ellas, el contacto diario con los niños genera diversas respuestas conscientes e inconscientes, que impactan en la vida de los alumnos y en su mundo interior, al mismo tiempo la dinámica de relación que establecen lo convierte es un modelo significativo a seguir.

Y si de prevenir conductas insanas como lo es el acoso escolar se trata, se debe tener claridad en lo que a los alumnos se les está enseñando mediante los contenidos académicos, de las palabras que se utilizan y los mensajes que se transmiten predominantemente, a través del lenguaje no verbal que se produce al relacionarse con ellos.

Generar y promover un entorno emocionalmente seguro como anteriormente se menciona, no es solo una cuestión de voluntad y buena preparación profesional, requiere de exploración personal y la toma de conciencia por parte del docente, sobre los sentimientos que despiertan en él las diferentes interacciones con los alumnos y su impacto en la vida de ambos, aspecto que determina en gran medida la calidad de relación que se establece entre el profesor y alumno.

Bajo esta perspectiva la prevención del acoso escolar no solo es una cuestión de generar buenos programas de trabajo para la promoción de ambientes seguros donde se lleven a cabo prácticas de sana convivencia, se requiere de un trabajo más complejo que invita a las mismas instituciones educativas a atender también las necesidades de formación humana de su personal docente con el propósito de estimular la exploración personal y atención emocional de maestros y alumnos.

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