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Observaciones sobre el amor de transferencia

Freud no vacila en aplicar a la transferencia el nombre de amor. Tampoco elude Freud el fenómeno amoroso, pasional, en su sentido más concreto, pues hasta llega a decir que no hay, entre la transferencia y lo que en la v ida llamamos amor, ninguna distinción verdaderamente esencial. La estructura de ese fenómeno artificial que es la transferencia y la del fenómeno espontáneo que llamamos amor y, muy precisamente, amor-pasión, son en el plano psíquico equivalentes.

No hay por parte de Freud evitación alguna del fenómeno, ninguna tentativa de disolver lo escabroso en algo que sería del orden del simbolismo, en el sentido en que se lo entiende habitualmente: lo ilusorio, lo irreal. La transferencia es el amor.

Nuestra reunion girarán ahora en torno al amor de transferencia, con lo cual pondremos término al estudio de los Escritos Técnicos. Esto nos llevará al corazón de esa otra noción, que aquí intento introducir, y sin la cual no es posible efectuar una justa repartición de lo que manejamos en nuestra experiencia: la función de lo imaginario.

No crean que esta función de lo imaginario está ausente de los textos de Freud. Así como tampoco está ausente la función simbólica. Simplemente, Freud no la colocó en primer plano, ni la destacó en todos los puntos en que puede hallársela. Cuando estudiemos Introducción al narcisismo, verán que, para designar la diferencia entre demencia precoz, esquizofrenia, psicosis y neurosis, la única definición que Freud mismo encuentra es la siguiente, que quizá resultará sorprendente para algunos de ustedes. También el histérico o el neurótico obsesivo al igual que el psicótico, en tanto la influencia de la enfermedad los domina, pierden su relación con la realidad y, sin embargo, el análisis nos demuestra que no han roto su relación erótica con las personas y las cosas. La conservan en su fantasma, esto es, han sustituido los objetos reales por otros imaginarios basados en recuerdos o han mezclado ambos – recuerden nuestro esquema de la vez pasada – y, por otro lado, han renunciado a realizar los actos motores necesarios para la consecución de sus fines con tales objetos. Sólo a este estado podemos denominar con propiedad «introversión» de la libido, concepto utilizado indiscriminadamente por Jung. El parafrénico se conduce muy diferentemente. Parece haber retirado realmente su libido de las personas y cosas del mundo exterior, sin haberlas sustituido por otras en sus fantasmas. Ello significa que, en efecto, recrea ese mundo imaginativo. Cuando en algún caso hallamos tal sustitución, es siempre de carácter secundario y corresponde a una tentativa de curación que quiere volver a llevar la libido a su objeto.

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