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Los Enfoques Mente-Cuerpo

Hace aproximadamente año y medio, mi padre fue diagnosticado con un cáncer fulminante que acabó con su vida en tres meses. En ese tiempo, la turbulencia emocional (personal y familiar), típica de quien e,s pasan por experiencias parecidas, me llevaron a hacer algunos escritos respecto a los enfoques mente-cuerpo. El presente, es un extracto de los mismos, sumamente sintetizado, por razones normales de espacio.

En las últimas décadas han surgido métodos alternativos para el manejo de la salud que reciben el nombre de enfoques mente-cuerpo. Me parece importante dilucidar algunos de sus aspectos centrales porque, a mi juicio, tras el velo sutil del engaño ilusorio, encierran un riesgo potencial considerable.

Uno de sus conceptos fundamentales es que desempeñamos un papel primordial, y en ocasiones central, para la presencia y sostenimiento de la enfermedad y se enfatiza la estrecha interconexión entre los niveles físico, mental y espiritual. Pero si se hace tal énfasis en distinguir distintos niveles de influencia, nuestra forma de diagnóstico y, por ende, el tratamiento han de ser adecuados y justo al mismo nivel en que se presenta la dificultad.

Por poner un ejemplo burdo, tratamientos como recitar un mantra o practicar un ejercicio de visualización ante un hueso roto: én una pierna, no solo serían inútiles sino generarían cargas de culpa y baja autoestima. Algo parecido sucederia si una persona con disturbios existenciales, recurriera a una píldora para “solucionar” su malestar. Lo inútil del tratamiento, por intervenir en un nivel erróneo, llevará al sujeto a la desesperación.

La aparición de una enfermedad frecuentemente engloba una combinación de causas y corremos un riesgo, al enfatizar tanto los factores psicológicos. Además, lo que ocurre en un determinado nivel, afecta en mayor o menor grado a los restantes niveles. El trabajo del saltador seria verificar con sumo cuidado los niveles de procedencia de todos los factores que entran en juego. Al identificar el nivel, mejores oportunidades tendremos de éxito con la intervención. Entre esos niveles se me ocurre pensar en la siguiente división: Factores Físicos: (Ambiente, Alimentación, Ejercicio, Periodos de Descanso, Sueño); Factores Psicológicos: (Comunicación Interna, Habilidades Sociales, Manejo de Sentimientos, Nivel de Identidad); Espirituales: (Sentido de Vida, Misión, Trascendencia, Trabajo de Comunidad).

Investigaciones modernas explican que los orígenes y aparición del asma, en gran medida reside en causas biofisicas. Imaginemos las repercusiones si digo al cliente que hay que revisar ese lazo. que hay entre madre e hijo, porque eso es lo que lo está ahogando.

Todo terapeuta habría de tener más cuidado al hacer tal tipo de interpretaciones y luego querer amoldar al sujeto a su idea, especialmente si éste no tenia ni la más remota idea de que pudiera estar participando activamente en su enfermedad.

Por otro lado, en estos enfoques frecuentemente se utilizan términos no bien diferenciados. Concretamente, “Psicosomático”, no quiere decir que la enfermedad se deba a un desarreglo mental-emocional, sino una interacción entre hechos psicológicos y las condiciones físicas presentadas.

Adicionalmente, muchos senadores fomentan creer en una especie de cura mágica, bajo el razonamiento de que asi dejarnos caminos de esperanza para la recuperación. Pero al inculcar semejantes expectativas en e) paciente quizá nos encontremos que, ante los más loables esfuerzos del sufriente, la enfermedad no por ello cede y, en ciertos casos, empeora. La presuposición sutil tras este enmarque seria que algo “malo” debe de haber en el doliente, puesto que otros han salido adelante. De hecho, dicha visión mágica de curar cualquier enfermedad tan sólo con tu mente es propia de los trastornos de una personalidad narcisista. Esta tendencia de pensamiento ha venido de una cultura egóica, hiperindividualista y con una fuerte implicación agresiva, amante del control y dominio del hombre sobre la naturaleza.

Estoy convencido que una parte fundamental en la función del sanador tiene que ver con la curación psicológica-emocional de la gente y es mejor instalar creencias de logro y posibilidades de éxito. Aunque también falta investigar, ¿Cuánto modula nuestra mente la presencia de una enfermedad física?. La respuesta más válida por el momento seria decir que dicha modulación es más de lo que creíamos hace 100 años pero menos de lo que postulan muchos enfoques mente-cuerpo vigentes.

Los estudios actuales sobre fisiología nos muestran que ante una enfermedad en su fase terminal, no hay mucho que esperar en cuanto a una recuperación física, lo cual no excluye que el paciente se apoye en las áreas mental, emocional, interaccional y espiritual. Como ejemplo, el diagnóstico de la Enfermedad de Alzheimer se comprueba cuando el paciente esta averiado en un porcentaje de pérdida neuronal del 80%.

El humano cuenta con cerca de 90,000 genes. Los estudios actuales nos sugieren que hay posibilidades de Modulación Génetica en aproximadamente 30,000. Pero es muy diferente hablar de una alteración observada a nivel de Estructura Génetica, en que sobresalen los errores fortuitos en el copiado químico de la estructura del gene y donde, hasta lo que hoy sabemos, nuestra modulación mental no parece influir en forma significativa.

En dado caso, podríamos aceptar que la enfermedad es una parte inherente a la vida humana y lo mejor ante tal pespectiva será investigar la actitud con que la encaramos. Al desear fulminarla, estos intentos quizá solo sirvan para exacerbada más, especialmente si se trata de una enfermedad terminal. Así, podríamos entender que hay muchos aspectos a trabajar, como el manejo de un perdón, ventilar ciertos resentimientos, encontrar un nuevo sentido de vida, trabajar activamente en nuestra misión o trascendencia, etc.

Empero, muchos enfoques mente-cuerpo parecen empeñados en “vencer” a toda costa la enfermedad. Tal actitud queda abiertamente especificada en algunos de ellos mientras en otros se muestra sutilmente. Con ello expresamos de fondo un auténtico choque contra la enfermedad. Un enfoque muy diferente seria trabajar con la enfermedad.

Una forma en que podríamos empezar a trabajar con la enfermedad seria involucramos en estrategias y métodos alternativos, pero también aprendiendo a convivir lo más sanamente con ella. Quizá sea mejor ser consciente de la impermanencia de las cosas y amarlas precisamente por ser efímeras. De hecho, el amor auténtico no consiste en retener, sino en liberar. En otras culturas, corno en las Chamánicas, cabe incluso que el paciente fallezca y no por ello se considera que la intervención de apoyo haya sido un fracaso.

Cuando un paciente enfoca más comprensión y compasión, la dolencia de hecho facilita que él pueda crecer y enriquecerse a lo largo del proceso. Esto no significa una actitud pasiva. Implica más un “Ser”, un abandono de querer controlar, una aceptación, un “dejar a Dios actuar”. Un auténtico nuevo Paradigma sobre la salud y la enfermedad consistiría en cambiar ese trasfondo agresivo-dominante, implícito en los tratamientos occidentales.

Muchos enfoques mente-cuerpo mencionan también la importancia de encontrar un mensaje de la enfermedad para el cliente. Pero una enfermedad terminal no necesariamente tiene que encerrar un mensaje para el cliente. En tal caso, quizá seria más útil investigar el contexto social del enfermo, es decir, su familia nuclear (por ejemplo, mayor integración familiar, clarificación de responsabilidades y roles, etc). Incluso, dicho mensaje podríamos pensarlo para toda la humanidad (podría ser el sentido de recordarnos la impermanencia y fragilidad de nuestra existencia). Puesto que los cambios son benéficos por si mismos (ó, como lo postulan las terapias sistémicas, el cambio es inevitable), no necesitamos enfermar para revisar posibles ajustes personales. Con todo, si habríamos de manejarnos en busca de un mensaje, sería útil una actitud de “como si” hubiera tal mensaje.

Además, las enfermedades terminales y su desenlace: la muerte, implican ecología en un contexto general. En efecto, la enfermedad terminal es en su esencia ecológica dentro de un ciclo de vida-muerte en cada especie: hemos de morir para dejar paso a los más jóvenes.

Por todo lo aquí escrito, es fácil comprender la conveniencia de una revisión profunda al marco subyascente de los enfoques mente-cuerpo, para no necesitar fantasías ilusorias y, en su lugar, aproximamos más hacia un manejo del enfermo con respeto, amor y apoyo auténtico, con una mente lúcida y un corazón compasivo.