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La Enfermedad: Un mensaje a nuestra existencia

La Enfermedad: Un mensaje a nuestra existencia

1ra. Parte

“Mi cuerpo es una Gestalt y está co-presente en toda Gestalt”, dice Maurice Merleau-Ponty (4), mientras que Fritz Perls afirma que “no tenemos un cuerpo, sino que somos nuestro cuerpo”, y sin embargo llevamos años tratando de separar cuerpo, mente y espíritu, para estudiar sus procesos, sin meditar que dividir, sólo produce una visión reducida del fenómeno total que es la salud y enfermedad. El daño de ésta visión, empeñada en separar lo que vive el cuerpo, de lo que ocurre en nuestras emociones, pensamientos y espiritualidad, lleva a que los clínicos no interroguen de una manera más completa y que las personas, no reporten datos en estos aspectos, pues dudan que tenga “algo que ver” con su padecimiento.

 

Somos nuestro cuerpo, somos nuestras emociones y pensamientos, somos nuestra espiritualidad y difícilmente podemos dejar de notar como la alteración en cualquiera de estas áreas afecta a las demás; el sufrimiento de nuestro cuerpo, favorece a la baja en el estado de ánimo, a la formación de ideas, expectativas negativas, fantasías, que terminan por preocuparnos más y por supuesto a una reacción hacia nuestro Ser Supremo, que puede ir desde el acercamiento, duda o reproche; también el sufrimiento en nuestras emociones o pensamientos, el sufrimiento a nivel espiritual, tiene un impacto sin duda en nuestro cuerpo.

 

El ser humano enfermo, no es sólo un conjunto de síntomas, es un ser con un padecimiento, con tristezas, temores y enojos, con un conjunto de ideas acerca de lo que “le está sucediendo”, con vocación y creencias espirituales, que se viven dentro de un contexto familiar y social.

 

La enfermedad es como la gota de agua que cae en el estanque produciendo circunferencias crecientes que comunican a la totalidad que ha ocurrido un cambio; de igual manera que la gota de agua, no cae por casualidad, tampoco la enfermedad “llega” a nuestras vidas por azar, sino que ESTÁ en un momento preciso de nuestra existencia, para comunicar a todo nuestro organismo, que ha roto el equilibrio, y por supuesto para darnos el mensaje de cómo llegamos a tal hecho y de la urgente necesidad de hacer un cambio en nuestro estilo de existir.

 

La enfermedad es el grito desesperado de nuestro cuerpo, para llamar la atención del desequilibrio existencial, es el último intento, tras probar una serie de señales de alerta, que empezaron desde el susurro del desasosiego y la inquietud momentánea, pasando por las voces del rechazo digestivo y las molestias corporales simples, ante las incongruencias en nuestro pensar, sentir y actuar. Las luces en el tablero de nuestro automóvil, buscan que nos preguntemos qué está pasando con la totalidad y resulta claro que sería inútil enojarnos con la lucecita o simplemente quitarla, para no verla más, de igual manera, abordar la enfermedad, únicamente, con el manejo de remedios (medios para retornar al enfermo a su estado anterior) sin escuchar su mensaje, sin aceptar que está en un ser total, que vive un momento específico y de un estilo que se está tornando dañino para él, es desperdiciar uno de los mejores recursos que tiene el ser humano, para cambiar, para completarse, para crecer, para ser más armónico con él y con el mundo que le rodea. Es decir, la meta de la “curación y aún la paliación de una enfermedad” no debe ser sólo el cambio físico, sino el cambio de la persona como un todo.

 

Más allá, mantener como dice Adriana Schnake (6) un diálogo con nuestro cuerpo, con cada uno de nuestros órganos, tejidos y sistemas, ya no como un desconocido, que duele y se enferma como algo independiente, sino como integrante de nuestra totalidad, nos puede ayudar a ser sensibles a las señales de alerta y a producir los cambios en nuestra manera de existir, aún sin la presencia de la enfermedad, es decir, de una manera preventiva, esto no quiere prometer convertirnos en seres inmunes, sino, en seres responsables de su crecimiento y bienestar, que previenen, más si la enfermedad está, en vez de combatirla como una enemiga que invade su territorio, la hacen su aliada para seguir creciendo.

 

La terapia Gestalt nos brinda la oportunidad de ahondar en nuestro cuerpo para descubrir, el sentido existencial de la presencia de la enfermedad, a través de técnicas que favorecen el encuentro y la integración de aquellas partes nuestras que hemos divorciado (como si esto en verdad se pudiera) o más propiamente dicho, negado, como resentimientos y otros asuntos inconclusos que favorecen el desequilibrio.

 

Llevo años acercándome a la visión holística y además de toda una buena cantidad de autores que ahondan en el sentido del enfermar, he tenido la oportunidad de comprobar y sorprenderme de la sabiduría de nuestro organismo, a través del trabajo con pacientes internados en diferentes hospitales generales y en la propia consulta, llegando a la conclusión de que nuestro cuerpo es el mapa de nuestra existencia, donde aprender a leerlo, a comprender cada señal y su mensaje, nos lleva a descubrirnos.

 

Bibliografía y lecturas recomendadas:

1. Dethlefsen, T. La enfermedad como camino. Plaza & Janes editores. Barcelona. 1993.

2. Hay, L. Tú puedes sanar tu cuerpo. Editorial Diana. México. 1992.

3. Kepner, J. Proceso corporal: Un enfoque Gestalt para el trabajo corporal en psicoterapia. Ed. El Manual Moderno. México. 1992.

4. Merleau- Ponty, M. Lo visible y lo invisible. Ed. Seix Barral. Barcelona. 1966.

5. Preciado, M. El cuerpo en Gestalt. Artículo propiedad del Instituto Gestalt Guadalajara. 1996

6. Schnake, A. Los diálogos del cuerpo: el enfoque holístico de la enfermedad. Cuatro vientos Editorial. Santiago de Chile. 1995.

7. Simonton, C. Recuperar la salud, Editorial Raíces. España. 1990. 8. Simonton, C. Sanar es un viaje. Ediciones Urano. Barcelona. 1993.

 

La enfermedad: Un mensaje a nuestra experiencia por Psic. Maybe Almanza - Directora LPC CMPNL