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Elementos que contribuyen al desarrollo de competencias profesionales

El texto que se comparte es una reflexión sobre el concepto de competencia y lo que implica poner en uso los atributos que le definen esencialmente, deriva de la ambigüedad que en torno a esta noción aún se genera, pues pese a que el término frecuentemente es empleado en ámbitos como el educativo y el laboral, la comprensión sobre dicho concepto todavía constituye una dificultad importante entre estudiantes y especialistas en formación.

En la creciente literatura que respecto al tema se ha producido, es común encontrar que diversos autores coinciden al reconocer en las competencias elementos conceptuales, procedimentales, actitudinales y éticos como lo esencial de sus atributos, evidencia de ello lo podemos apreciar en trabajos como de Díaz- Barriga (2006), Zavala y Arnau (2008) o los de la SEP (2009) en torno a las mismas. Retomar sólo uno de tantos trabajos, permitirá recordar que las competencias pueden reconocerse en esa configuración psicológica compleja que implica la movilización, integración y adecuación de recursos personales, tanto cognitivos, afectivos como comportamentales, orientados todos a la consecución de un objetivo o resultado en un determinado contexto. (Herrero y Zavala, 2009).

Sin embargo, proposiciones como la anterior por sí solas no bastan para a resolver el problema que como estudiantes a menudo enfrentamos en el intento por adquirirlas, o bien, a para resolver el desafío de crear condiciones a fin de que nuestros estudiantes logren desarrollarlas, debido a que tanto el desarrollo personal de una competencia, como el contribuir a que otros logren construirlas constituyen ambos, procesos asociados y complejos. Entre los factores que quizá influyen para hacer de la comprensión de éstos algo tan complejo, destaca el hecho de que el dominio que se logra respecto de toda competencia, puede sólo inferirse a partir del desempeño de las personas y en relación directa con su contexto.

Este hecho, en cierto modo, ha inducido al error de reconocer y valorar el desempeño competente básicamente en función de destrezas y acciones que apreciamos en las prácticas y resultados que producen aquellas personas a quienes consideramos expertos, y posiblemente, en ciertos casos, sin detenernos a considerar lo que detona o subyace a sus acciones, situación que, eventualmente, podría llevarnos a emular o a poner en uso técnicas y recursos sin un soporte conceptual consistente.

Sería interesante detenernos a observar que las claves orientadoras para entender y comunicar qué es lo que distingue a un profesional competente de otro que aún no lo es, remiten principalmente a atributos que evidencian flexibilidad y pertinencia en la toma de decisiones y acciones que los profesionales emprenden con base en la información y evaluación que hacen sobre diversas situaciones o contextos frente a los cuales operan. Flexibilidad y pertinencia sólo pueden ser producto de conocimientos profundos sobre los objetos o problemas que enfrentan, de la aplicación de este conocimiento en la búsqueda y diseño de estrategias para abordarlos, de la actitud y de la responsabilidad que asumen ante éstos. Finalmente, no habría que olvidar, que, como los demás elementos, los conocimientos aumentan o disminuyen la posibilidad de ser competentes.

Referencias
Díaz, B. A. (2006). El enfoque de competencias en la educación: ¿Una alternativa o un disfraz de cambio? Perfiles educativos, 28 (111), 7-36.
SEP (2009) Curso Básico de Formación Continua para maestros en servicio, México. SEP. Zavala, A. y Arnau L (2008) Como aprender y enseñar competencias, Barcelona Ed. GRAO Herrero, S. L y Zavala A.G. (2009) Diseño de situaciones didácticas para el desarrollo de competencias. S/R.

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